¿Que la quieres? JAJAJA porfavor, hace tiempo ya que perdió la cuenta de tus mentiras.
No le digas mas te quieros. Ella ya no te escucha. No le digas mas lo
sientos. Ella ya no te cree. No vuelvas atrás por ella. Ella ya no te
espera.
Se cansó de tus disputas sin sentido, de tus palabras frías y de tus miradas gélidas.
No busques más su calor, cuando pases frío. Por que quizás, cuando
vuelvas a buscarla, ella ya no esté para ti. Quizás encuentre a otro que
la ama y que no la utiliza. O quizás no. Depende del destino. Y depende
de ti. Vuélvela a buscar, si crees que puede ser la chica de tu vida.
Arriésgate a caer, sin saber dónde está el suelo.
miércoles, 6 de febrero de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
Historias de vida
¿Recordáis el
típico dicho de que, cuando crees que vas a morir, pasa toda tu vida por
delante de tus ojos? ¿Cómo una proyección que no puedes parar? No hace falta
que estés a punto de morir para verlo así. Él lo recuerda así, Jorge lo ve así
a cada momento.
~Aún recuerdo aquel
día. Como si todo hubiese pasado hace unos instantes. Sigo oyendo a Marta
decirme “Sé que la amas, no se lo dirás nunca, nadie te puede hacer cambiar de
opinión. ¿Por qué no lo escribes? Muchos lo utilizan para desahogarse”. Y sí,
lo hice. Lo escribí. Quizás me faltaron infinidad de palabras. No había
palabras suficientes para expresar lo que sentía en aquellos momentos por Alba.
Jamás quise decirle
lo mucho que la amaba, que era la única que conseguía hacerme sonreír con tan
solo pensarla. La idea que me dio Marta fue muy buena, me sentí mucho mejor,
más libre. Pero como dicen “si crees que eres libre es que no has volado lo
suficientemente alto como para chocar con las rejas”. Yo choqué; me di de
frente contra el mundo, un mundo mucho más fuerte que yo. Un mundo que me
intento asfixiar y me soltó a volar demasiado débil.
Caí, sin frenos. La
carta, la preciosa carta en la que me desahogue estaba en su casa. Y esto
ocurrió por el simple hecho de que:
Cada 30 de
diciembre yo estaba allí, plantado en su felpudo. Sí, por costumbre teníamos
despedir el año juntos; entre risas, recuerdos y miradas que lo decían todo y,
a la vez, nada.
Yo residía allí por
dos o 3 días. Era el momento más feliz del año y, también, el más triste. ¿Sabéis
ese sentimiento de tener algo tan cerca y a la vez tan lejos? Así sentía yo a
Alba.
Entonces, cuando
intentaba dormir, recordé la maravillosa idea de Marta. Busqué por los cajones
de aquel cuarto tan frío. Unas paredes blancas mate, un armario de madera
grande, un escritorio de madera rojizo y una silla de esas antiguas en el hueco
que tenía el escritorio.
Cuando me dispuse a
escribir, me di cuenta de que aquella carta no tenía sentido alguno. Sin
embargo, la escribí.
No tardé mucho,
todo salió de mí a una gran velocidad. Enamorado de ella desde los 13 años,
mientras yo contaba ya con 27; demasiado tiempo.
El sueño me venció
y guarde la carta debajo de la cama. Sin yo saber la limpieza que hacía Alba a
aquel cuarto nada más irme.
La dejé olvidada,
ella la leyó. 3 perdidas de ella. 1 mensaje “Tenemos que hablar, Jorge.”. Me
temía lo peor. Me equivoqué.
Alba… Alba también
me amaba. Increíble, ¿no creéis? Fue un encuentro precioso, nuestro primer beso
juntos.
Yo ya estoy viejo,
tengo 91 años. Y tengo aquellos momentos grabados a fuego. Esa es mi película favorita;
nuestra historia.
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