Puedo verlo, me encuentro en la línea de fuego, y nadie va a salvarme
esta vez.
Ayer mi reino se erguía con majestuosidad, podía ver a los
enemigos recelosos, a mis amigos envidiosos, a la familia exclamando que no
sabían que había podido ir mal, pero, ¿qué más daba? ¡Yo tenía la corona! las
demás personas sólo eran inferiores, pero ahora, en un segundo, se
desmorona como si fuese un castillo de naipes. Pequé de arrogancia, sí, dejé a
la humildad a un lado, solitaria... total, estaba en el podido, el fondo
sólo era algo de lo que me hablaron pasadamente, pero a lo que no hice mucho
caso.
Yo estaba en la cima. Que bella era. Ahora tan sólo es un
recuerdo almacenado en mi memoria y en mi corazón roto. Me creía
invencible, imparable, me sentía la dueña y señora del universo,
las compañías de aquel momento solo hacían que ensalzarme y todos los
dados iban a mi favor. Creí tenerlo todo perfectamente planeado, pero supongo
que mis cálculos fallaron.
"Recuerda que hoy estás arriba pero mañana puedes estar abajo"
decían. Jamás hice mucho caso, sin embargo, ahora estoy tocando ese fondo del
que tanto hablaban y en este momento soy incapaz de frenar mí, esperada por
casi todos, caída. Ahora, desde abajo, es fácil escuchar las risas cuando
pronuncian mi nombre. Supongo que estuve demasiado tiempo arriba, más de
lo que merecía.
Y es extraño, porque a los que clavé la estaca, son ahora los que me
tienden la mano, mientras que los pocos a los que alabé se pelean por mi
codiciado trono. Parece ser que desde el suelo es más visible la diferencia
entre los que me aman y los que me odian.
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