Que por mucho que diga que le odio, que ya de él solo me
queda el dolor, los recuerdos y las promesas rotas no es así. Nada es así. Que
joder, que le amé más que a mí puta vida. Que yo no soy como esas que olvidan a
los tres días. Que cuando amo, lo hago de verdad. Que cuando amo doy la
posibilidad de que me rompan pensando que no lo harán, pero siempre lo hacen.
Que por mucho que diga, no. Que todavía le amo, que solo han pasado, ¿cuánto? ¿Seis
meses? Y aquí, “sigo”. Que las promesas rotas me destruyen poco a poco cada día
más. Que ya no quiero de verdad, cojo cariño pero eso no me es suficiente. Que no
siento como antes, ni padezco, que las ganas de matarme, de quitarme del medio,
de saber que si lo hiciese no le importaría a nadie me revuelan la cabeza. Que
cada día me siento más inútil. Que ya no me salen las putas lágrimas, que soy
una flor seca, como esas que se meten entre las páginas de un libro.
Sé que fallé en que esperaba que me quisieras sin contar el
que si ni yo me quiero como me va a querer alguien. Que el no tener autoestima
no me ayuda. Que me siento muerta. Que tener que salir todos los días poniendo
una sonrisa, a reírme, a ver en la cara de todos los tíos que le doy asco, que
pensar que hasta a mí misma me doy asco. Que salir a sonreír, porque no salgo a
otra cosa. Que no salgo ni los viernes, esos días me recuerdan demasiado a ti.
Que me recuerdan que me pegaba todo el puto día esperando a que fuese de noche
para hablar contigo, que me hicieses sonreír como una tonta al punto de estar
en mi cuarto sonriéndole a una pantalla de una BlackBerry medio rota. Que me
contases tus rayadas, que me dijeses esas tonterías que me hacían sonreír. Que aunque
fuese un “hola” o un “enana” me hacías la niña más feliz de este puto mundo.
Que viniste a salvarme de mi anterior dolor, pero me has dejado uno peor,
cariño.
Y que nada compense tu ausencia, que hasta con otro pienso
que nadie como tú. Que prefiera no soñar que soñar contigo como la otra noche,
y levantarme llorando. Que me ponga canciones tristes solo para hundirme más en
mi mierda.
¿Acaso sabes lo que duele todo esto? Esto de estar todo el
puto día con ganas de llorar y cuando estoy a solas no poder hacerlo.
Aquí estoy, la patética, aquí, escribiéndote a sabiendas de
que no me vas a leer. Que no signifique nada para ti. Y eso es lo que más
duele.