sábado, 7 de diciembre de 2013

No quiero extrañarte, quiero que estés aquí.



¿Para qué engañarme? ¿Para qué decirte que si te vas lo superare?

Claro que lo haré, algún día lo habré superado. Pero no quiero superarlo nunca. Quiero quererte cada minuto. Quiero amarte y que me ames como hasta ahora, incluso más. No quiero empezar de cero, no quiero olvidar lo de atrás. Me quedaré lo bueno, y dejaré lo malo del pasado. No puedo decirte que si es lo mejor para los dos que nuestros caminos se separen, lo asumiré. Porque no es cierto, me hundiré. No sé quién, ni como, ni cuando saldré a flote. Pero prefiero no hundirme. No puedo permitir rendirme, no puedo dejar de intentarlo. No puedo dejar de quererte. No puedo ver cómo te vas, y no darme la vuelta y correr detrás de ti y recuperarte de nuevo.

No quiero extrañarte, quiero que estés aquí.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Que por mucho que diga, no.



Que por mucho que diga que le odio, que ya de él solo me queda el dolor, los recuerdos y las promesas rotas no es así. Nada es así. Que joder, que le amé más que a mí puta vida. Que yo no soy como esas que olvidan a los tres días. Que cuando amo, lo hago de verdad. Que cuando amo doy la posibilidad de que me rompan pensando que no lo harán, pero siempre lo hacen. Que por mucho que diga, no. Que todavía le amo, que solo han pasado, ¿cuánto? ¿Seis meses? Y aquí, “sigo”. Que las promesas rotas me destruyen poco a poco cada día más. Que ya no quiero de verdad, cojo cariño pero eso no me es suficiente. Que no siento como antes, ni padezco, que las ganas de matarme, de quitarme del medio, de saber que si lo hiciese no le importaría a nadie me revuelan la cabeza. Que cada día me siento más inútil. Que ya no me salen las putas lágrimas, que soy una flor seca, como esas que se meten entre las páginas de un libro.
Sé que fallé en que esperaba que me quisieras sin contar el que si ni yo me quiero como me va a querer alguien. Que el no tener autoestima no me ayuda. Que me siento muerta. Que tener que salir todos los días poniendo una sonrisa, a reírme, a ver en la cara de todos los tíos que le doy asco, que pensar que hasta a mí misma me doy asco. Que salir a sonreír, porque no salgo a otra cosa. Que no salgo ni los viernes, esos días me recuerdan demasiado a ti. Que me recuerdan que me pegaba todo el puto día esperando a que fuese de noche para hablar contigo, que me hicieses sonreír como una tonta al punto de estar en mi cuarto sonriéndole a una pantalla de una BlackBerry medio rota. Que me contases tus rayadas, que me dijeses esas tonterías que me hacían sonreír. Que aunque fuese un “hola” o un “enana” me hacías la niña más feliz de este puto mundo. Que viniste a salvarme de mi anterior dolor, pero me has dejado uno peor, cariño.
Y que nada compense tu ausencia, que hasta con otro pienso que nadie como tú. Que prefiera no soñar que soñar contigo como la otra noche, y levantarme llorando. Que me ponga canciones tristes solo para hundirme más en mi mierda.
¿Acaso sabes lo que duele todo esto? Esto de estar todo el puto día con ganas de llorar y cuando estoy a solas no poder hacerlo.
Aquí estoy, la patética, aquí, escribiéndote a sabiendas de que no me vas a leer. Que no signifique nada para ti. Y eso es lo que más duele.

A tres pasos de ti.



Y yo quiero eso. Lo quiero. Quiero una historia de amor, de verdad, no de película, ni que pasen cosas súper emocionantes ni nada de eso. Que lo único que necesite sea pasar una tarde contigo, entre las mantas, viendo una película mala de esas que echan por la tele los domingos, perdidos en nosotros, sin que nada nos importe. Pasar una tarde en la que verte dormir sea lo más bonito del mundo. En que pensar al levantarme que soy la persona más afortunada del mundo. Que no quiero sonetos dedicados, ni poemas, que con un “te quiero” que se sienta de verdad me hagas rozar el cielo con los dedos. Que me piques cada día, que hagas lo que sea con tal de verme sonreír, que vayamos por la calle haciendo el payaso que la gente nos mire mal y lo que nos importe sea que estamos juntos. Que cada día me pierda en tus ojos y me busques a besos. Que todo sea un a veces te quiero, a besos te amo. Que sea un verdadero sentimiento y no algo que todo el mundo finge sentir y rompe. Que me rompas, que me reconstruyas, que seas tú. Que me hagas lo que quieras, que sea tuya. Que te eche de menos cuando este a tres pasos de ti. Que creemos un mundo de felicidad que solo exista cuando estamos tú y yo a solas. Ni a tres metros sobre el cielo ni nada, que tenga ganas de ti estando a centímetros. Que viviendo contigo, que comiéndote a besos, que amándote cada día más, que besándote cuando menos te lo esperas, que te mire y sonría, que vivir contigo sea lo único que quiera. Que solo te necesite a ti. Que a tres pasos de ti, echándote de menos, te ame como nunca he amado a nadie.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Y si te echo de menos, qué.



En fondo del abismo, de aquel donde aparentar felicidad mata mucho más que el estado de ánimo más bajo existente, me puse a pensar. ‘¿Qué es lo que voy a hacer ahora?’ Esa pregunta rondo tantísimas veces por mi cabeza. Sin respuesta alguna para mi desgracia.
¿Qué iba a hacer? Muerta en vida, enamorada. Duele tanto y poco avisan del dolor. En este típico momento sería la frase ‘rota, ¿y?’. Rota, rotísima, ¿Qué soy? ¿Alguien me lo dice?
Me siento tan destruida, ¿y mis pilares? ¿Aquellos que me sostenían? Derrumbados en guerra.
¿Y qué hago yo? Si hasta se me va a desgastar la sonrisa.  Mi corazón no responde, solo late, no quiere saber más de sentimientos.  Quiere seguir su principal función que es latir, del resto dice que me olvide, pero… ¿y con todo el amor que te quedaste sin recibir? ¿Con este sentimiento constante de “sin él, ya solo pasan los días”? ¿Y qué hago con él? Lleva toda la razón del mundo joder.
Y si te echo de menos, qué. Que no vas a volver, que lo sé. Pero díselo a todo este dolor, que salga, que yo con él no puedo vivir. Que quiero respirar, que me estoy ahogando es tus lágrimas continuas. Sí, tuyas. Joder, que no soy mía sino tuya. Y lo sabías. Y solo piensas que rompiste un juguete y no mi alma.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Beautiful Disaster.

"-Salvaste mi vida, sabes.
+No me hubiera ido sin ti.
-Sabía que vendrías."


"-No me asusto muy a menudo -dijo, finalmente-. Estaba asustado la primera mañana que desperté y tú no estabas allí. Estaba asustado cuando me dejaste después de Las Vegas. Estaba asustado cuando pensé que iba a tener que decirle a mi papá que Trent había muerto en esa construcción. Pero cuando te vi a través de las llamas en ese sótano... estaba aterrorizado. Llegué a la puerta, estaba a pocos metros de la salida, y no pude irme.
-¿Qué quieres decir? ¿Estás loco?
-Nunca había estado tan seguro de nada en mi vida. Me di la vuelta, hice mi camino a ese cuarto donde estabas, y allí estabas. Nada más importaba. Ni siquiera sabía si lo lograríamos o no, sólo quería estar donde tú estuvieras, donde sea que eso signifique. De la única cosa de la que estoy asustado es de una vida sin ti, Pigeon."

martes, 9 de julio de 2013

Y ahora, ¿qué?

Soy tonta, sí, lo tengo más que comprobado.
Te quiero. Te quise tanto. Y aún soy la tonta que te quiere, ¿sabes? 
Y soy tan tonta que, a pesar, de saber que todo fue MENTIRA, palabras más falsas que los billetes del monopoly, te quiero, sí, lo sigo haciendo.
A mí en estos momentos me va la frase 'Rota ¿y?'.
Sí, fui un juguete, y me deje usar como ello que es lo peor. Tu juguete. Y acabaste conmigo eh cielo, enhorabuena.
Y mi pregunta es: ¿te pagan por ilusionar gente o algo?
No sé, pero parece que hasta te gusta ver a las tías arrastrarse por ti.

Pero, a pesar de toda la mierda que soltaste, tengo que decirte que... GRACIAS.
Gracias por ser la razón de mi sonrisa 7 meses, por ser el tío que más he querido en toda mi puta vida, por ser "mi niño", el pequeño que con solo un par de palabras hacía que se me cortasen las lágrimas, o que me hacía reír mientras estaba llorando. Por soportarme, porque anda que no hay que tener paciencia para eso. Por hacer que no me pudiese cabrear contigo más de unos minutos. Gracias por las infinitas sonrisas que me sacaste y, sobre todo, gracias por hacerme aprender, aprender a no confiar en nadie, a que las palabras se las lleva el viento y a que no se deben crear ilusiones por palabras, como las tuyas eh.

miércoles, 6 de febrero de 2013

No escucha más mentiras ya.

¿Que la quieres? JAJAJA porfavor, hace tiempo ya que perdió la cuenta de tus mentiras.
No le digas mas te quieros. Ella ya no te escucha. No le digas mas lo sientos. Ella ya no te cree. No vuelvas atrás por ella. Ella ya no te espera.
Se cansó de tus disputas sin sentido, de tus palabras frías y de tus miradas gélidas.
No busques más su calor, cuando pases frío. Por que quizás, cuando vuelvas a buscarla, ella ya no esté para ti. Quizás encuentre a otro que la ama y que no la utiliza. O quizás no. Depende del destino. Y depende de ti. Vuélvela a buscar, si crees que puede ser la chica de tu vida.
Arriésgate a caer, sin saber dónde está el suelo.

sábado, 2 de febrero de 2013

Historias de vida



¿Recordáis el típico dicho de que, cuando crees que vas a morir, pasa toda tu vida por delante de tus ojos? ¿Cómo una proyección que no puedes parar? No hace falta que estés a punto de morir para verlo así. Él lo recuerda así, Jorge lo ve así a cada momento.
~Aún recuerdo aquel día. Como si todo hubiese pasado hace unos instantes. Sigo oyendo a Marta decirme “Sé que la amas, no se lo dirás nunca, nadie te puede hacer cambiar de opinión. ¿Por qué no lo escribes? Muchos lo utilizan para desahogarse”. Y sí, lo hice. Lo escribí. Quizás me faltaron infinidad de palabras. No había palabras suficientes para expresar lo que sentía en aquellos momentos por Alba.
Jamás quise decirle lo mucho que la amaba, que era la única que conseguía hacerme sonreír con tan solo pensarla. La idea que me dio Marta fue muy buena, me sentí mucho mejor, más libre. Pero como dicen “si crees que eres libre es que no has volado lo suficientemente alto como para chocar con las rejas”. Yo choqué; me di de frente contra el mundo, un mundo mucho más fuerte que yo. Un mundo que me intento asfixiar y me soltó a volar demasiado débil.
Caí, sin frenos. La carta, la preciosa carta en la que me desahogue estaba en su casa. Y esto ocurrió por el simple hecho de que:
Cada 30 de diciembre yo estaba allí, plantado en su felpudo. Sí, por costumbre teníamos despedir el año juntos; entre risas, recuerdos y miradas que lo decían todo y, a la vez, nada.
Yo residía allí por dos o 3 días. Era el momento más feliz del año y, también, el más triste. ¿Sabéis ese sentimiento de tener algo tan cerca y a la vez tan lejos? Así sentía yo a Alba.
Entonces, cuando intentaba dormir, recordé la maravillosa idea de Marta. Busqué por los cajones de aquel cuarto tan frío. Unas paredes blancas mate, un armario de madera grande, un escritorio de madera rojizo y una silla de esas antiguas en el hueco que tenía el escritorio.
Cuando me dispuse a escribir, me di cuenta de que aquella carta no tenía sentido alguno. Sin embargo, la escribí.
No tardé mucho, todo salió de mí a una gran velocidad. Enamorado de ella desde los 13 años, mientras yo contaba ya con 27; demasiado tiempo.
El sueño me venció y guarde la carta debajo de la cama. Sin yo saber la limpieza que hacía Alba a aquel cuarto nada más irme.
La dejé olvidada, ella la leyó. 3 perdidas de ella. 1 mensaje “Tenemos que hablar, Jorge.”. Me temía lo peor. Me equivoqué.
Alba… Alba también me amaba. Increíble, ¿no creéis? Fue un encuentro precioso, nuestro primer beso juntos.

Yo ya estoy viejo, tengo 91 años. Y tengo aquellos momentos grabados a fuego. Esa es mi película favorita; nuestra historia.